Martes, 21 de abril de 2020 ¡Buenos días desde casa! Hoy os traigo un cuento que creo nos vendrá bien ante momentos de frustración. Mezclaremos lectura y emociones. Con él se nos muestra que toda esa energía que movilizamos y que tiene un nombre: “la ira”, podamos canalizarla y no reprimirla, evitando que se convierta en “furia”, y así no dar paso a lo siguiente, que es “el resentimiento”, y que acabará convirtiéndose en lo peor y en lo que más contamina de todo: “el odio”. “Las cicatrices de la ira” Se cuenta que había una vez un niño que siempre estaba mal humorado y de mal genio. Cuando se enfadaba se dejaba llevar por su ira y decía y hacía cosas que herían a los que tenía cerca. Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que tuviera un ataque de ira clavase un clavo en la puerta de su habitación. El primer día clavó treinta y siete. En el transcurso de las semanas siguientes el número de clavos fue disminuyendo. Poco a poco...