BUENOS DÍAS, CARLINDA

LA NOTICIA DEL LUNES

¿SALIR A LA CALLE PARA CAMBIAR LAS COSAS O PARA ROMPERLAS?

¡Buenos días, Carlinda!

Hoy queremos hablaros de algo que quizá hayáis visto estos días en las redes sociales o en las noticias.

Se llama BLOCUS.

Durante las últimas semanas se han difundido por redes sociales convocatorias para que grupos de jóvenes salgan a las calles de distintas ciudades con la única motivación de robar en tiendas y destrozar el centro de las ciudades. El pasado 24 de octubre, una de estas concentraciones terminó en Barcelona con tiendas saqueadas, escaparates rotos, contenedores quemados, mobiliario urbano destrozado y personas heridas.

Y hay algo que llama especialmente la atención: entre las personas detenidas había muchos menores de edad, ha habido muchos detenidos y en el caso de los menores sus familias han tenido pagar la cuantía de los destrozos. 

Pero hoy no queremos quedarnos solo en la noticia.

Queremos preguntarnos qué nos está pasando cuando salir a divertirnos puede acabar convirtiéndose en salir a romper cosas.






¿ROMPER POR ROMPER?

Imaginad que un sábado quedáis con vuestro grupo de amigos y amigas.

Tenéis toda la tarde por delante. Podéis pasear, escuchar música, practicar deporte, ir al cine, hablar, reíros, conocer gente...

Pero alguien propone ir a una concentración donde se está hablando de romper escaparates, quemar contenedores o entrar en tiendas para robar.

¿Os parecería divertido?

¿Iríais porque os apetece o porque va todo el grupo?, ¿Seríais capaces de decir que no?

A veces, cuando estamos con mucha gente, hacemos cosas que nunca haríamos a solas. Y las redes sociales pueden conseguir que una mala idea se extienda rápidamente. Pero que algo se haga viral no significa que esté bien. Y que mucha gente haga algo tampoco lo convierte en correcto.

¿QUIÉN PAGA TODO LO QUE SE ROMPE?

Pensad en los contenedores de basura, las papeleras, los bancos, las farolas, las marquesinas de autobús o los parques.

¿De dónde salen?

Se compran, se instalan y se mantienen con dinero público, que procede de los impuestos que pagamos entre todos y todas. Cuando alguien quema un contenedor o rompe una marquesina, no está fastidiando a una persona desconocida.

Está perjudicando a toda la ciudad.

Ese dinero que hay que gastar en reparar lo destruido podría destinarse a mejorar parques, instalaciones deportivas, bibliotecas o servicios públicos.

Y cuando se destroza una tienda, también hay personas detrás: trabajadores y trabajadoras que pueden pasar miedo, comerciantes que sufren pérdidas y familias que dependen de esos negocios.

La violencia no termina cuando se apaga la cámara del móvil. Sus consecuencias continúan.

¿Y SI NO TUVIÉRAMOS TODO LO QUE TENEMOS?

Estamos tan acostumbrados a salir a la calle y encontrar tiendas, papeleras, alumbrado, transporte y servicios que a veces olvidamos lo importantes que son.

En otros lugares del mundo, muchas personas viven situaciones de guerra, pobreza o destrucción que les impiden disponer de servicios básicos.

En algunas zonas de Sudán, por ejemplo, la guerra ha dañado mercados, centros sanitarios y sistemas de abastecimiento de agua. Hay familias que tienen dificultades para conseguir cosas tan esenciales como agua potable, alimentos o atención médica.

No es la misma situación que unos actos vandálicos en nuestras ciudades, pero conocer estas realidades nos ayuda a valorar lo que tenemos.

¿Qué sentiríamos si mañana desaparecieran los servicios que utilizamos cada día?

MANIFESTARSE SÍ. ¿PERO PARA QUÉ?

Hay algo muy importante que no debemos confundir:

Manifestarse pacíficamente para defender una idea o reclamar un derecho es una forma legítima de participación.

De hecho, a lo largo de la historia, muchas personas han salido a la calle para conseguir mejoras. Podemos manifestarnos para pedir medidas frente al cambio climático, luchar contra el racismo, defender la igualdad, reclamar una educación de calidad o pedir espacios seguros para la juventud.

Las redes sociales pueden ayudarnos a organizarnos, compartir información y dar voz a problemas que necesitan soluciones.

Pero protestar no es lo mismo que agredir, intimidar, robar o destruir.

Si queremos cambiar algo que consideramos injusto, ¿qué sentido tiene provocar nuevas injusticias?

AHORA TE TOCA PENSAR

1. ¿Qué lugar tiene la violencia en mi vida? ¿Me parece una forma de divertirme, de conseguir lo que quiero o de demostrar algo ante los demás?

2. ¿Qué opino de lo ocurrido con BLOCUS? Si mi grupo de amistades quisiera participar en una quedada para romper cosas o robar, ¿qué haría?

3. ¿Para qué utilizaría yo las redes sociales? ¿Por qué causa estaría dispuesto o dispuesta a salir a manifestarme pacíficamente? ¿Por el cambio climático, la igualdad, la convivencia, el bienestar animal u otra cuestión?

EL RETO DE ESTA SEMANA

Os proponemos imaginar que podéis organizar una concentración pacífica en nuestra ciudad.

¿Qué os gustaría cambiar o mejorar?

Pensad en una causa que os importe y cread un lema para defenderla.

Pero hay una condición: vuestra propuesta debe buscar soluciones y respetar a las demás personas.

Porque no necesitamos romper nuestra ciudad para demostrar que queremos cambiarla.

Y porque nuestro lema de este curso también se aplica cuando estamos fuera del instituto:

ME CUIDO, TE CUIDO, NOS CUIDAMOS.

Cuidarnos también significa pensar antes de actuar, no dejarnos arrastrar por el grupo y respetar aquello que compartimos.

Y tú, ¿qué huella quieres dejar en tu ciudad: una que destruya o una que ayude a mejorarla?

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